domingo, 28 de junio de 2009

Quiero estar dentro de una burbuja.

Quiero estar dentro de una burbuja. Quedarme ahí en silencio, protegida y a salvo de todo. Que ahí dentro el dinero no importe ni tampoco la relación con los demás. Un espacio en el que no haya nada ni nadie. Sólo yo y una coraza que me aísle de todo. Una coraza impenetrable aislada del mundo. Ahí dentro podría llorar cuando quisiera sin tener que ocultar mis lágrimas para parecer fuerte. Podría sentir lo que me dictara el corazón sin que el resto me juzgue o sentencie. Un lugar en el que viva mi vida sin que los demás afecten a ella. Donde no haya amores que corresponder ni esperar que el mío sea correspondido. Donde no mande ni obedezca yo. Donde nadie me agreda, ni física, ni mentalmente. Que mi cuerpo y mi cerebro estén recubiertos de una capa densa de aceite en la que resbalen todos los recuerdos de las críticas y comentarios negativos de mi vida. Y entonces mi intoxicación mental podrá ir diluyéndose con el paso de los días. Aislarme del mundo por un tiempo... Terminar con este veneno que recorre mi sangre. Convertir la oscuridad en luz cálida y protectora. Y cuando decidiera salir de mi burbuja que alguien me esperase amorosamente para no decir absolutamente nada, simplemente darme un abrazo.

domingo, 19 de abril de 2009

La flor


Había una vez una pequeña flor en un gran bosque. Como era pequeña nadie le prestaba atención y por eso siempre estaba triste, pero se decía así misma: ¡Cuando crezca podre ver el resto de flores y plantas y por fin sentirme menos sola y mas amada! Pasaron los años y la flor creció. Ahora divisaba a todas las flores que para su pesar la seguían ignorando. Entonces ella pensó, quizás no sea lo suficiente bella así que perderé mis hojas para que a la siguiente primavera me salgan mucho mas bonitas.

Llegó la siguiente primavera. La flor que se había despojado de sus pétalos y durante todo el invierno hizo un esfuerzo sobrenatural para que le salieran unos pétalos preciosos lo consiguió, era la flor mas linda de todo el bosque. La primavera pasó pero ninguna de sus espectativas se vio cumplida, entonces pensó: tal vez mi esfuerzo por ser la mas hermosa a ofendido a mis compañeras y por eso sigo siendo ignorada. De nuevo dejó caer todos sus pétalos y pensó que para la primavera siguiente no haría ningún esfuerzo y así sus hojas fueran las mas simples y poco agraciadas del lugar.

La primavera volvió a llegar. La flor con unos pétalos tan pequeños y desproporcionados que daba pena contemplarla, sonrió y se dijo así misma: por fin voy a dejar de ser ignorada, soy la planta menos hermosa del lugar. Pero esta vez tampoco sirvió de nada.

La florecilla desolada comenzó a marchitarse, no se alimentaba, no danzaba con el viento, nada... hasta que tal fue su tristeza que murió. Daba la casualidad que esta florecita había sido por caprichos del viento fecundada y tenia semillas en su interior. Una de las semillitas cayó en la tierra. Creció y se convirtió en otra preciosa flor. También se preguntaba al igual que su madre la razón por la que nadie hablaba con ella. Miró a su alrededor y con muchisima valentía alzó la voz. ¿Hola? ¿Porqué nadie habla conmigo? De repente todas las flores empezaron ha hablar y se confesaron las unas a las otras que llevaban haciéndose esa pregunta desde que nacieron, sólo que a ellas, no se les había ocurrió preguntar a las demás.



por:lidia rios

miércoles, 11 de febrero de 2009

Poema

El reloj no se detiene,
La belleza de la que tantas veces he renegado,
Se va marchitando por culpa de la tristeza.
Un océano de oscuras sombras me acecha,
Y me encuentro perdida en mitad del vacio.
¿Hay alguien ahí?
Tu voz resuena en mi cabeza,
Y mi cerebro intenta ignorarla,
Pero pese al peligro que conlleva
La escucha porque es su única esperanza.
Hay gente que arriesga su vida,
Sólo por sentir el peligro en su carne,
Yo me arriesgo por que siento,
Que mis vacíos emocionales son como mares.
Quiero que tú, o tú o tal vez tú seas mi barca,
Aunque de antemano sepa,
Que ya está anegada.
Sólo espero una muerte ya anunciada,
Entre tus brazos moriré,
Mirando a los ojos,
Al asesino de mi alma.

L. R. L.

La hija del viento

Cuando cayó la tarde y la noche empezó a devorarla, una hija del viento decidió salir del castillo de su padre, y caminar por un sendero. Era un sendero tranquilo, el cual irradiaba vida y belleza, pero conforme avanzaba, pudo descubrir cuando llego la oscuridad, pequeños obstáculos que, poco a poco, iban aumentando su tamaño hasta convertirse en prácticamente insalvables. La hija del viento sintió miedo, se sentó sobre unas hojas secas, y la tristeza la recorrió con sus frías y húmedas manos. Agachó su cabeza, y con cara de derrota se puso a llorar. Después de unos minutos, levantó la vista y lo vio, era un sendero mucho más bello que el anterior, cubierto de las flores más hermosas y la hierba más suave. El sendero completamente despejado, era mejor elección que el anterior, así que se adentro en él, y caminó plácidamente hasta que se acordó, como en un fotograma fugaz en su cabeza, de una pequeña flor roja de fuego, situada en el primer sendero y que al principio no captó su atención. La hija del viento dio media vuelta indecisa y se dirigió hacia el punto donde se bifurcaban los dos senderos. Una vez allí, la hija del viento, volvió a sentarse y a llorar. No podía comprender por que si un sendero era más hermoso, y con menos obstáculos, no dejaba de pensar en el otro, que aunque al principio parecía sosegado, escondía trampas mortales en sus tortuosos parajes. La hija del viento desconsolada, siguió llorando y llorando, allí se quedó paralizada sin saber que hacer. Su cuerpo se hacia cada vez mas y mas pesado y sus lágrimas caían a la tierra formando un pequeño charquito. Los días pasaron y la hija del viento seguía allí, sin encontrar solución al dilema planteado, y cuando la esperanza estaba desapareciendo de su corazón, pasó una estrella fugaz, y entonces recordó, que ella era hija del viento, y alzando el vuelo, dejó atrás los dos senderos.



Por: Lidia Ríos Liñán

martes, 16 de diciembre de 2008

La casa de nieve

Érase una vez una casa hecha de nieve. Los que vivían en ella nunca tendían su corazón a la gente, ni eran amables o simpáticos con el resto. Su excusa era que al vivir en una casa de nieve, su corazón dejó de latir y por eso no conectaban con nadie.
Un día de verano extremadamente caluroso la casa de nieve se derritió dejando un gran charco de agua. Los habitantes al quedar fuera de la casa descubrieron que la casa no era la causa de su forma de ser ya que no se sentían diferentes y al estar vulnerables ante el mundo y ante si mismos sin su casa de nieve gran excusa de sus vidas, se sintieron tan tristes al encontrarse con su verdadera realidad, que lloraron y lloraron hasta que se deshicieron y quedaron fundidos con el charco de agua de su propia casa.
Fin.

jueves, 11 de diciembre de 2008

REFLEXIONES DEL TIEMPO

Ahora que dispongo de tiempo paso la mayor parte de este sintiendome culpable.
Cuando no tenga tiempo, me sentiré culpable por haber perdido el tiempo sintiendome culpable.

L. R. L.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Mi principe oscuro

Como en un sueño apareciste mi querido príncipe oscuro,
Y cuando te vi mi corazón se paró de repente,
Noté tu aliento cálido y dulce en mi cuello,
Y en ese momento el mundo desapareció.
Sólo podía sentir tu cuerpo fundido con el mío,
Mágica alquimia que nos convirtió en uno.
¿Qué hechizo provocaste en mi alma dormida?
El roce de tu piel despertó mis sentidos,
Y me quedé atrapada en la profundidad de tus ojos.
Cuando volví al plano real de mi existencia,
Todo se derrumbó dejándome herida de gravedad.
La tristeza se mezclo con mis atormentadas lágrimas,
Confundida y exhausta cogí aire pero no pude respirar.
Tu mirada entonces se tornó gris y distante,
Tu voz tosca y hostil… casi inhumana,
Y fue entonces cuando se me heló la sangre.
Tú que me devolviste a la vida,
Ahora me devuelves a la muerte,
Porque sólo tú mi querido príncipe oscuro,
Tienes el poder de hacer que despierte de mi letargo,
O de que me transforme en una roca inerte,
Que ni ama, ni siente, ni padece…

por: L. R. L.