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jueves, 22 de marzo de 2012

Amor eterno

Y además nos hace daño, me dijo. No paro de rememorar esa frase en mi cabeza. Recuerdo con nitidez la habitación en penumbra, la cama desecha y la ropa tirada por el suelo. La música que emanaba de los pequeños altavoces del ordenador se deslizaba por mis oídos sobrecogiéndome, con la quinta sinfonía de Beethoven. Cuando le clavé el cuchillo hundiéndolo en su carne no sentí absolutamente nada. Me quedé absorta mirando cómo la sangre aún caliente tintaba de rojo mi blanca camisa. Este amor obsesivo no nos conviene y además nos hace daño. Ahora, sólo me hace daño a mí.


L.R.L.

jueves, 29 de octubre de 2009

Julieta x Julieta

Querida Julieta:
Ya conoces el amor sincero que te profeso pero no moriré por ti. Los días de romanticismo exaltado y decadente ya terminaron. Que nuestras familias se opongan a nuestra relación ya no es un problema. Que las gentes ancladas en las viejas costumbres nos miren con asombro o rechazo no representa el fin de nuestro amor. Ya no hay barreras, solamente las que nos pongamos. Sí un día este amor termina, no sesgaremos nuestras muñecas con intención de desangrarnos. Por el contrario, encontraremos a otras personas dispuestas a amar y ser amadas. Mientras tanto, por las noches me acuesto con tu nombre en los labios. En mis sueños te encuentro, y estas tan bella que mi corazón se sobrecoge. Mi cerebro se inunda de tu imagen desnuda sobre mi cama. Y recorro en mi imaginación cada centímetro de tu cuerpo. Cuando estoy físicamente contigo no hay cosa en ese instante que pueda hacerme más feliz. Escuchar tu voz, sentir tu aliento, tu calor… Ojalá nuestra llama arda para siempre pero, si no es así, recuerda el amor y la pasión que hoy tenemos. En este momento es real y mañana quién sabe… lo que siempre has de saber es que no es una mentira, aunque todo cambie y se transforme, aunque no permanezca inmutable.
Tuya y sin reservas, Julieta.

domingo, 19 de abril de 2009

La flor


Había una vez una pequeña flor en un gran bosque. Como era pequeña nadie le prestaba atención y por eso siempre estaba triste, pero se decía así misma: ¡Cuando crezca podre ver el resto de flores y plantas y por fin sentirme menos sola y mas amada! Pasaron los años y la flor creció. Ahora divisaba a todas las flores que para su pesar la seguían ignorando. Entonces ella pensó, quizás no sea lo suficiente bella así que perderé mis hojas para que a la siguiente primavera me salgan mucho mas bonitas.

Llegó la siguiente primavera. La flor que se había despojado de sus pétalos y durante todo el invierno hizo un esfuerzo sobrenatural para que le salieran unos pétalos preciosos lo consiguió, era la flor mas linda de todo el bosque. La primavera pasó pero ninguna de sus espectativas se vio cumplida, entonces pensó: tal vez mi esfuerzo por ser la mas hermosa a ofendido a mis compañeras y por eso sigo siendo ignorada. De nuevo dejó caer todos sus pétalos y pensó que para la primavera siguiente no haría ningún esfuerzo y así sus hojas fueran las mas simples y poco agraciadas del lugar.

La primavera volvió a llegar. La flor con unos pétalos tan pequeños y desproporcionados que daba pena contemplarla, sonrió y se dijo así misma: por fin voy a dejar de ser ignorada, soy la planta menos hermosa del lugar. Pero esta vez tampoco sirvió de nada.

La florecilla desolada comenzó a marchitarse, no se alimentaba, no danzaba con el viento, nada... hasta que tal fue su tristeza que murió. Daba la casualidad que esta florecita había sido por caprichos del viento fecundada y tenia semillas en su interior. Una de las semillitas cayó en la tierra. Creció y se convirtió en otra preciosa flor. También se preguntaba al igual que su madre la razón por la que nadie hablaba con ella. Miró a su alrededor y con muchisima valentía alzó la voz. ¿Hola? ¿Porqué nadie habla conmigo? De repente todas las flores empezaron ha hablar y se confesaron las unas a las otras que llevaban haciéndose esa pregunta desde que nacieron, sólo que a ellas, no se les había ocurrió preguntar a las demás.



por:lidia rios

miércoles, 11 de febrero de 2009

La hija del viento

Cuando cayó la tarde y la noche empezó a devorarla, una hija del viento decidió salir del castillo de su padre, y caminar por un sendero. Era un sendero tranquilo, el cual irradiaba vida y belleza, pero conforme avanzaba, pudo descubrir cuando llego la oscuridad, pequeños obstáculos que, poco a poco, iban aumentando su tamaño hasta convertirse en prácticamente insalvables. La hija del viento sintió miedo, se sentó sobre unas hojas secas, y la tristeza la recorrió con sus frías y húmedas manos. Agachó su cabeza, y con cara de derrota se puso a llorar. Después de unos minutos, levantó la vista y lo vio, era un sendero mucho más bello que el anterior, cubierto de las flores más hermosas y la hierba más suave. El sendero completamente despejado, era mejor elección que el anterior, así que se adentro en él, y caminó plácidamente hasta que se acordó, como en un fotograma fugaz en su cabeza, de una pequeña flor roja de fuego, situada en el primer sendero y que al principio no captó su atención. La hija del viento dio media vuelta indecisa y se dirigió hacia el punto donde se bifurcaban los dos senderos. Una vez allí, la hija del viento, volvió a sentarse y a llorar. No podía comprender por que si un sendero era más hermoso, y con menos obstáculos, no dejaba de pensar en el otro, que aunque al principio parecía sosegado, escondía trampas mortales en sus tortuosos parajes. La hija del viento desconsolada, siguió llorando y llorando, allí se quedó paralizada sin saber que hacer. Su cuerpo se hacia cada vez mas y mas pesado y sus lágrimas caían a la tierra formando un pequeño charquito. Los días pasaron y la hija del viento seguía allí, sin encontrar solución al dilema planteado, y cuando la esperanza estaba desapareciendo de su corazón, pasó una estrella fugaz, y entonces recordó, que ella era hija del viento, y alzando el vuelo, dejó atrás los dos senderos.



Por: Lidia Ríos Liñán

martes, 16 de diciembre de 2008

La casa de nieve

Érase una vez una casa hecha de nieve. Los que vivían en ella nunca tendían su corazón a la gente, ni eran amables o simpáticos con el resto. Su excusa era que al vivir en una casa de nieve, su corazón dejó de latir y por eso no conectaban con nadie.
Un día de verano extremadamente caluroso la casa de nieve se derritió dejando un gran charco de agua. Los habitantes al quedar fuera de la casa descubrieron que la casa no era la causa de su forma de ser ya que no se sentían diferentes y al estar vulnerables ante el mundo y ante si mismos sin su casa de nieve gran excusa de sus vidas, se sintieron tan tristes al encontrarse con su verdadera realidad, que lloraron y lloraron hasta que se deshicieron y quedaron fundidos con el charco de agua de su propia casa.
Fin.