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martes, 19 de julio de 2011

La Tesis


-Juan, dime ¿de qué va tu tesis?
-Sara, ¡¿pretendes que te lo cuente aquí?! Vamos a descargarnos de la red neural de Macro net de la facultad a nuestros cuerpos físicos. Aquí nunca se sabe. Aunque usemos una frecuencia privada cualquier habilidoso hacker puede espiarla y Marta lleva tiempo detrás de mi tesis para joderme el tema…
Mejor vamos a un lugar más privado. ¿Qué te parece la esfera de descanso de mi residencia? Ahí nadie va a molestarnos.
-Me parece bien Juan.

Una vez allí, se acomodaron y Juan empezó a contarle a Sara algunas ideas que tenía para su tesis.

-Mi tesis habla de nuestro origen. De cómo los Sagoriam llevaron a cabo su proyecto: “La vida en la tierra” Como todo el mundo sabe, los Sagoriam en su planeta casi idéntico al nuestro, querían visualizar sus orígenes y su propia evolución imitando todo el proceso en nuestro planeta.
Ellos pretendían que avanzáramos más rápido, así que entre otras cosas, introdujeron conceptos de física en la religión. El concepto de Dios, Jesucristo y el espíritu santo es en realidad la descripción de los estados de la materia. Dios es el estado líquido, ya que cómo decían en la biblia estamos hechos a su imagen y semejanza.  ¿De qué nos componemos principalmente? de agua, que además nutre y da vida a todas las plantas y animales de la tierra. El espíritu santo es el estado gaseoso, ya que se representa como algo invisible y etéreo. Por último tenemos a Jesucristo, que representa el estado sólido. El hijo de Dios que viene a salvarnos está hecho de carne.
-Pero Juan, ¿Jesucristo llegó a existir realmente?
-En realidad, no era un ser humano. La imagen de Jesús se copió literalmente de otras leyendas y religiones más antiguas para que fuera creíble, por ejemplo la egipcia. Si te fijas en la historia de Jesús, es parecida a la historia de Horus. También tiene muchas similitudes con Krishna, (India), Dionisos (Grecia), Mitra (Persia) y podría seguir poniéndote ejemplos, pero no quiero aburrirte. El caso es que los Sagoriam mandaron una proyección de uno de sus científicos,  para enseñar ética y filosofía a los humanos.
-Juan, cuéntame algún detalle extraño o curioso.
-Algo curioso eran unos bio-robots que se encargaban de recoger muestras de sangre para los Sagoriam. Los culícidos, vulgarmente conocidos como mosquitos, fueron introducidos en la tierra cómo un organismo “natural”.
 Ahora entendemos muy bien esa tecnología, somos capaces de crear vida híbrida capaz de reproducirse, programada para hacer lo que sus datos especifiquen. Las muestras de sangre de animales y humanos se  mandaban en datos cifrados en un tiempo récord a la base que poseían los Sagoriam en el interior de nuestro planeta. Lo conseguían con unas microondas de un espectro que no fue conocido hasta el siglo XXIII. Cuando eso pasó, los humanos de esa época empezaron a leer esa información y no tenían demasiado claro de dónde procedía.

Un hombre de mediana edad se acercó con cautela a Juan y a Sara. Vestía una bata de color blanco. Su expresión facial reflejaba serenidad. Se dirigió hacia Sara con un gesto de asentimiento.

 Sara le dijo a Juan:
-Perdona Juan, tengo que marcharme. Espero con impaciencia que tu Tesis esté acabada para poder leerla.
-Sara, te prometo que si tengo tiempo te contaré más cosas.

Sara salió de la habitación siguiendo los pasos del hombre de la bata blanca.
Entraron en un despacho luminoso. Lo presidía un gran escritorio de madera, con una silla giratoria de cuero coloreado en negro, y al otro lado, dos confortables butacas acolchadas de color gris oscuro. En la pared de atrás enmarcados y colocados con una perfecta  simetría, descansaban dos títulos universitarios.

-Señorita, siéntese si es tan amable.
-Gracias doctor Martínez. Dígame con sinceridad. ¿Cómo ha visto a mi hermano en estos días? ¿Ha notado algún progreso? ¿Cree usted que volverá a reconocerme?

La ansiedad en la voz de Sara y los ojos de tristeza no hicieron esperar la respuesta del doctor Martínez.

-Su hermano padece de una esquizofrenia paranoide muy aguda. Estamos probando un nuevo método. Al no ser un peligro para él mismo, los demás internos o el equipo del hospital,  no es estrictamente necesario que esté medicado. Aunque más adelante será puesto en tratamiento. El método que seguimos es dejar que exprese por escrito todo lo que él quiera. En su delirio,  él cree que vive en otra época y escribe una tesina sobre el origen de la humanidad. Le estamos permitiendo que la escriba para después leer con detenimiento el contenido y analizarla con nuestro equipo de psiquiatría. Quizás encontremos alguna clave que sirva para su posterior tratamiento.
Siento comunicarle que difícilmente la va a reconocer en los próximos meses. No obstante, creemos que es probable una mejoría de aquí a un año, aunque no podemos asegurárselo. La mente humana es muy compleja.
-Gracias doctor.

Sara salió del despacho cabizbaja. Encauzaba sus pasos a la habitación de su hermano. Ella sabía que no tenía que forzar a su hermano para que la recordase, ya que no iba a servir de nada. Tenía que ser lo que su hermano proyectase en ella, en este caso, su compañera de facultad.
 Entró en la habitación y él no se giró. Sentado en una pequeña mesa escribía en su portátil. El sonido de las teclas inundaba la estancia y martilleaba la cabeza de Sara, que en un arrebato de impotencia susurró las siguientes palabras:

-Mamá y yo te añoramos muchísimo y te queremos.

Juan paró de repente de escribir. Se hizo un silencio. Y después de unos segundos continuó como si en la habitación no hubiese nadie. Sara salió con lágrimas en los ojos y cerró la puerta. Una vez en los jardines del hospital, miró hacia la ventana de la habitación de su hermano. Se secó las lágrimas y con amarga resignación continuó caminando.




 Lidia R. L.

jueves, 3 de marzo de 2011

Posibilidades cuánticas.

Sabía que hoy moriría. Caminando por la calle, con la música de fondo resbalando por los auriculares hasta mis oídos, mi mente creó una imagen. Esa imagen era la de un desconocido que sin razón aparente apretaba el gatillo de una pistola, y esa pistola escupía una bala que se alojaba en mi cerebro abriéndose paso a través de mi sien. Sentí que ocurriría pronto y al mirar al suelo vislumbré dos caminos que se bifurcaban a modo de pavimento decorativo del parque por el que estaba pasando. Decidí que mis pasos continuasen en medio del dibujo rompiendo las dos posibles elecciones que me llevaban a elegir cualquiera de los dos caminos. Apreté los dientes y me concentré en la música para intentar que la idea de alguien disparándome se disipara de mi mente. Cómo creadora, podría hacer que ocurriese cualquier cosa que imaginase. En unos pocos minutos pasaron miles de posibilidades. En cada una ocurría una cosa distinta de la anterior. La posibilidad de mí que ahora escribe, eligió que el pensamiento fabricado no era más que un ruido furtivo que enturbió mis pensamientos en ese instante. Pero en diversas realidades creadas por mi mente, lo que imaginé, sucedió.

miércoles, 22 de octubre de 2008

relato corto

La habitación estaba a oscuras, la persiana cerrada, una canción de fondo casi susurrada, de Hocico, llamada «Espinas del mal», y él, sentado en silencio frente a su escritorio. La mirada perdida, sin vida… Él sabía que había llegado el momento.

Todo estaba en calma; ese día, era un día cualquiera, no tenía ningún significado especial, excepto por las voces en su cabeza, más insistentes que nunca, que le pedían a gritos la liberación; y la Parca, como buena conocida, le musitaba melosamente que la siguiera, allá donde todo es eterno: «no temas», le murmura, «yo te guiaré».

Él siempre había fantaseado con su muerte, cuando ella estaba todavía a su lado, soñaba con morir de su mano, para que su amor fuese imperecedero y puro por toda la eternidad…, pero esto ya no sería posible, hacia ya años que ella le dejó, «por otro más cuerdo», según le confesaba cruelmente el día de la ruptura. Pero él no estaba loco, en realidad estaba tan cuerdo que el mundo le daba ganas de vomitar.

Se levantó de su asiento, y se dirigió hacia su armario. Dentro de éste, se hallaba escondido un pequeño cofre, cuyo interior portaba una afilada daga; la extrajo y cuidadosamente la metió en uno de los bolsillos de su chupa, la cual se puso a continuación.

Salió de su habitación y se dirigió a la puerta de salida. Era un bloque de doce pisos, él vivía en el cuarto. Llamó al ascensor, y una vez abrió sus puertas entró sin vacilar. Le dio al botón del último piso, y ascendió hasta llegar a su destino.

Una vez arriba, continuó por unas pequeñas escaleras, que le llevaron a una puerta cerrada. Sacó una minúscula llave del bolsillo de su pantalón, y liberó el candado que impedía su apertura. Una vez hubo traspasado el umbral, cerró la puerta tras de sí. Ahora se encontraba en una terraza; caminó hacia la derecha y saltó el muro para ir a parar al tejado del edificio. Allí había una manta echada sobre las grisáceas tejas. No era la primera vez que visitaba aquel lugar. Se tumbó sobre la manta y miró con quietud las estrellas, tan lejanas, tan frías, tan serenas…, tan inalcanzables.

Buscó a tientas el bolsillo de su chaqueta de cuero, hasta dar con la daga que había metido anteriormente. Observó como brillaba la hoja a la luz de la luna e inmediatamente después comenzó a rasgarse las venas de las muñecas y a lo largo del brazo, pues con un corte horizontal, no se consigue nada… Él quería una muerte lenta, y que mejor que morir desangrado bajo la cúpula celeste de sus fantasías. La sangre iba brotando en pequeños borbotones de sus dos brazos, el color de la sangre era tan bello… Empezaba a notarse mareado, la vista le iba y le venia…, pero, su fatal amiga la muerte, no se personificaba para guiarle, simplemente, miraba desde la lejanía, como su hermano Morfeo hacia el trabajo por ella, y lo iba sumergiendo en su reino, el mundo onírico.

Su cuerpo yacía en la manta empapado por su propia sangre. Ni la parca, ni las estrellas, ni la luna, ni la noche, ni las lágrimas del tiempo impidieron que dejase de existir… Ningún camino, ningún final, ninguna luz, ningún cielo, ningún infierno…, sólo la nada y el vacío, sólo su alma extinguida como las brasas de un fuego inerte, que nunca llegó a nacer.
http://www.margencero.eu/Magazine/cuentos5/lagrima_tiempo.htm